“El arte de la pintura” según Jan Vermeer van Delf

 

 

 

No me parece que Vermeer haya querido dar a entender que el pintor sea el personaje principal de su obra. Prueba de ello es que está de espaldas al observador y delante de un lienzo casi vacío, de forma que mantiene tanto su anonimato como su actitud de entrar en relación con su modelo para intentar representarlo, con toda la sabiduría iconográfica de su arte, de la manera más hermosamente buena, verdadera y única posible. La unicidad, dentro de la tríada axiológica “unum, verum, bonum”, se refiere no solamente al respeto del modelo sino también, por medio de la calidad de su representación, al valor emblemático de la obra que se intenta realizar.

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◊ Alegoría de la pintura o El arte de la pintura ◊

◊ Autor: Jan Vermeer van Delf
◊ Nacimiento: Antes del 31 de octubre de 1632, Delft, Países Bajos
◊ Fallecimiento: 15 de diciembre de 1675 (43 años), Delft, Países Bajos
◊ Nacionalidad: neerlandesa
◊ Movimiento: Barroco

◊ Título de la obra: “The art of painting”.
◊ Estimación: Esta obra es valorada, desde mediados del siglo XIX hasta hoy, como la más importante de Vermeer, hasta el punto que muchos historiadores del arte la consideran como “el legado pictórico de Vermeer”. Así, uno de sus mejores especialistas, Hans Sedlmayr, empleó, para referirse a ella, el título “El elogio del arte de la pintura”. También por sus dimensiones, 130×110 centímetros, es una de las mayores obras pintadas por Vermeer.
◊ Soporte: óleo sobre lienzo
◊ Dimensiones: 120 x 110 cm
◊ Estilo: Iluminista: Es particularmente admirado e imitado por su maestría en el uso y tratamiento de la luz. A partir de mediados del siglo XIX y hasta ahora está considerado, precisamente por su dominio de la luz, como uno de los más grandes pintores de los Países Bajos.
◊ Fecha: 1666 – 1668
◊ Firma: firmado: I Vermeer (en la parte inferior del mapa)

La genealogía del nombre del cuadro se puede remontar hasta la minuta del pago de las deudas tras la muerte de Vermeer, donde se dice de ella que «es una pintura, […], en la que está representado el arte de la pintura.»

El cuadro representa un taller de pintura. Está inspirado en el de Vermeer, ya que en la lista de inventario del pintor figura una mesa de roble como la que se ve en el cuadro.

Sobre esta mesa de roble se muestran un libro y una máscara. El libro simboliza el estudio, la contemplación y la sabiduría. La máscara representa convencionalmente, en el mundillo de los pintores, al mundillo concurrente de la escultura.

En el centro del cuadro aparecen los dos personajes principales de la relación temática del arte de la pintura: el pintor y su modelo. Los dos personajes están vinculados por un espacio tridimensional orientado diagonalmente.

Tanto la tridimensionalidad como la diagonalidad están subrayadas por la orientación de las baldosas del suelo, por la orientación del alero visible de la mesa y por las miradas convergentes de los dos personajes. El paralelismo de estos tres factores de orientación contribuye a la eficacia de su propia redundancia intencional.

No me parece que Vermeer haya querido dar a entender que el pintor sea el personaje principal de su obra. Prueba de ello es que está de espaldas al observador y delante de un lienzo casi vacío, de forma que mantiene tanto su anonimato como su actitud de entrar en relación con su modelo para intentar representarlo, con toda la sabiduría iconográfica de su arte, de la manera más hermosamente buena, verdadera y única posible. La unicidad, dentro de la tríada axiológica “unum, verum, bonum”, se refiere no solamente al respeto del modelo sino también, por medio de la calidad de su representación, al valor emblemático de la obra que se intenta realizar.

La mujer que colabora con el pintor como modelo de la obra que tratan de realizar juntos, una obra que, por su intención simbólica, ha de transcenderlos a ambos, escenifica su propia acción de modelo, tan activa como la del pintor, en el fondo más iluminado del espacio diagonal ocupado por ambos.

Esta iluminación, el atuendo y los instrumentos que emplea el personaje, indican que no se trata ni mucho menos de un personaje secundario sino más bien del personaje imprescindible, “sine qua non”, para que la pareja modelo-pintor pueda llevar a cabo su creación simbólica llamada representación iconográfica.

El atuendo de la mujer son una capa de seda azul, símbolo de la pureza, la estabilidad y la profundidad, y una falda amarilla, símbolo de la fertilidad, del honor y de la lealtad. Una corona de laurel, símbolo de la fama perdurable, ciñe su cabeza. Los instrumentos que emplea el personaje son: un libro en la mano izquierda, símbolo de la inteligencia estudiosa, y un trombón en la derecha, símbolo de la música que refuerza las voces humanas redoblando armónicamente sus connotaciones.

El lienzo apenas esbozado, o prácticamente vacío como una “tabula rasa” iconográfica, simboliza desde el Renacimiento la idea artística “in absentia”, cuya encarnación formal tiene lugar durante el proceso pictórico.

Que pintor y modelo colaboren en la creación de una pintura en presencia de una máscara, depositada simbólicamente entre los dos personajes sobre una mesa, ha sido interpretado por algunos críticos como la Paragone o competición entre las artes pictóricas y esculturales. A mi modo de ver no se trata de proclamar que la pintura triunfa sobre la escultura sino más bien de recordar discretamente que escultura y pintura son artes complementarias.

© Salvador García Bardón, La Colline, 16.11.2013.

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16.11.13 | 16:15. Archivado en PoéticaSociogenéticaEpistemologíaArtePintura
 

23:06 Écrit par SaGa Bardon

Acerca de sagabardon

Editor y promotor desde 1961-62 de la AEU (Amistad Europea Universitaria), soy profesor emérito de la Universidad de Lovaina, donde he enseñado la semántica, el español y la ingeniería lingüística. Soy doctor en filosofía (Louvain), doctor en lingüística (Sorbonne), especialista en lexicología, y diplomado de la Escuela de altos estudios en ciencias sociales (Paris). Especializado en Semántica y lexicología, he preparado durante quince años un “Taller cervantino del Quijote”, que se compone de una edición de los textos originales de 1605 y de 1615, acompañada de un diccionario enciclopédico. Salí de España, en 1961, renunciando a mi puesto de profesor de ética y de metafísica en el Seminario Mayor de Córdoba. Dos años antes había enseñado electrónica y complementos de ciencias en el juniorado jesuita del Puerto de Santa María.
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