Alegoría del vaso que nunca rebosa

 

 
 

 

“El vaso que nunca rebosa”, fundamento hipotético de esta alegoría, es el recipiente que sirve para beber, cuyo contenido nunca puede exceder de su capacidad hasta derramarse.

Buscando concordancias para esta locución en el pasado de nuestra lengua, desde sus orígenes históricos hasta hoy, no encontré ninguna ocurrencia. Sí la encontré, en el siglo XVI, para el sintagma verbal “nunca rebosa” pero teniendo como sujeto el sintagma nominal “la mar”, en la frase “Por qué la mar nunca rebosa, ni se aumenta, ni engrandece”.

“Podríase preguntar qué es la causa por que, pues en la mar se engendra tanta agua y contino entran en ella tantos ríos y fuentes, por qué nunca rebosa ni se aumenta. A esto ay algunas causas, las quales trae el Alberto Magno en el segundo De los Metheoros donde dize: “La mar no rescibe aumento ni se engrandece porque es natural recetáculo de todas las aguas y su quieto lugar, y el lugar no puede rebosar con el ingreso de la cosa que, por natura, deve ser en ese lugar, porque el lugar a de conformar con aquello que incluye según natura”. Assí, que la mar es capaz para recebir en sí todos los ríos y por su entrada no rebosar ni se aumentar.” (1)

Me pregunto si esta concepción del mar como “natural receptáculo de todas las aguas y su quieto lugar” no ha transformado en “vasos que nunca rebosan” a ciertos ciudadanos que traicionan su deber de solidaridad con sus conciudadanos dejando de comportarse como “vasos comunicantes”.

“El vaso que nunca rebosa” tomado metafóricamente, al servicio de la alegoría, como opuesto a los “vasos comunicantes”, sería el ciudadano que en la vida social privatiza todos los bienes disponibles a su alcance, como si fuera “natural receptáculo de todas las aguas y su quieto lugar”, a la manera del mar, sin permitir que estos bienes se derramen, al servicio de todos sus conciudadanos, por los vasos comunicantes naturales que él ha obturado.

La alegoría que nos ocupa aquí reaparece estos días con fuerza en la boca y en la pluma de dos jesuitas muy queridos y muy conocidos: uno de ellos es el Papa Francisco y el otro el venerable padre Francisco Oliva Alonso, destacado en Paraguay por su constante participación en la lucha con los sectores menos favorecidos, que lleva la mayor parte de su vida de misionero en América Latina, donde lo han propuesto para Nobel de la Paz.

Digo que esta alegoría reaparece porque semánticamente está entroncada con las concepciones éticas de la enseñanza universitaria del padre José-María Díaz Alegría sobre la propiedad privada, en la Facultad filosófica Complutense SJ de Alcalá de Henares, durante los años sesenta y setenta del siglo pasado.

1. Alegoría jesuita del vaso que nunca rebosa, empleada por el Papa Francisco

“Cuando hablo de economía no hablo desde el punto de vista técnico. Había la promesa de que cuando el vaso rebosara los pobres se favorecerían, pero sucede a menudo que cuando el vaso está lleno, de pronto se hace grande y su contenido nunca llega a los más necesitados”.

Fuente del texto: Papa Francisco, en una entrevista en el diario italiano La Stampa, referida por eldiario.es/politica, el 15/12/2013.

2. Desarrollo, por el padre Francisco Oliva Alonso SJ, de la locución jesuita “EL VASO QUE NUNCA REBOSA”:

“EL VASO QUE NUNCA REBOSA”,
Francisco Oliva Alonso SJ

Alguien con muy buenas intenciones dijo que el capitalismo mismo iba a corregir sus propios fallos. Era como un vaso que al rebosar derramaría generosamente el contenido sobrante entre los que tuvieran menos.

Algo muy bonito que nunca se cumple. Y la razón es muy sencilla. Cada vez que el vaso va a rebosar se le cambia por otro mayor. Por egoísmo o por la misma dinámica de la competencia. El que se detiene y pone freno es absorbido por otro más ambicioso, que por haberlo aumentado de tamaño, tiene siempre el vaso por llenar.

El resultado es que en el mundo en general y en cada nación en particular el crecimiento constante de la economía siempre va a parar a ese 10% más rico.

¿Cómo en la práctica se realiza esta nula repartición de lo que se supone sobraría?

Con las políticas de austeridad, de reducción de gastos (generalmente sociales) y el aumento de impuestos, hay una trasferencia continuada de las clases de más bajo nivel económico a las más pudientes.

Se nos impone que el crecimiento de la competitividad de las exportaciones se haga con bajos impuestos a ellas (un ejemplo es la soja) o con las bajas de salarios en fábricas y talleres.

Esto último nos arrastra al llamado “contrato de cero horas”, por el que los empleadores pagan solamente las horas de trabajo que ellos necesitan, obligando a los trabajadores a estar disponibles a todas horas cuando los necesiten.

Son algunos ejemplos para que los vasos nunca rebosen.

Sea cual fuere el método empleado, o se consigue que el vaso rebose fomentando la virtud de la equidad, en bien de los más desfavorecidos, o nos hundiremos en una economía inestable, en una sociedad siempre con protestas y denuncias y en una política bloqueada.

En el fondo subsiste esa bomba de tiempo social que nadie quiere, pero que el 10% más ricos pareciera despreciar.

Foto: SaGaBardon: Ilustración de la ◊ Alegoría del vaso que nunca rebosa ◊

(1) Consulta: “nunca rebosa”, en 1400-2010, en todos los medios, en CORDE
Resultado: 3 casos en 1 documento.
Ficha técnica del caso citado:
AÑO: 1545
AUTOR: Medina, Pedro de
TÍTULO: Arte de navegar
PAÍS: ESPAÑA
TEMA: 16.Marinería
PUBLICACIÓN: CILUS (Salamanca), 1999
Página FOL.13V

Definiciones del Diccionario de la RAE empleadas en este artículo:

vaso.
(Del lat. vasum).

1. m. Pieza cóncava de mayor o menor tamaño, capaz de contener algo.
2. m. Recipiente de metal, vidrio u otra materia, por lo común de forma cilíndrica, que sirve para beber.
3. m. Cantidad de líquido que cabe en él. Vaso de agua, de vino.

rebosar.
(Del lat. reversāre).

1. intr. Dicho de una materia líquida: Derramarse por encima de los bordes del recipiente que la contiene. El agua del vaso rebosaba. U. t. c. prnl.
2. intr. Dicho de un recipiente: Exceder de su capacidad hasta derramarse su contenido. El vaso rebosaba. U. t. c. prnl.
3. intr. Dicho de una cosa: Abundar mucho. Le rebosan los bienes. U. t. c. tr.
4. intr. Dicho de un lugar: Estar exageradamente lleno. El cine rebosaba de gente dispuesta a ver la película.
5. intr. Estar invadido por un sentimiento o estado de ánimo con manifiesta intensidad. Rebosaba de satisfacción. U. t. c. tr.
6. intr. desus. Vomitar lo que se tiene en el estómago.

-oOo-

Acerca de sagabardon

Editor y promotor desde 1961-62 de la AEU (Amistad Europea Universitaria), soy profesor emérito de la Universidad de Lovaina, donde he enseñado la semántica, el español y la ingeniería lingüística. Soy doctor en filosofía (Louvain), doctor en lingüística (Sorbonne), especialista en lexicología, y diplomado de la Escuela de altos estudios en ciencias sociales (Paris). Especializado en Semántica y lexicología, he preparado durante quince años un “Taller cervantino del Quijote”, que se compone de una edición de los textos originales de 1605 y de 1615, acompañada de un diccionario enciclopédico. Salí de España, en 1961, renunciando a mi puesto de profesor de ética y de metafísica en el Seminario Mayor de Córdoba. Dos años antes había enseñado electrónica y complementos de ciencias en el juniorado jesuita del Puerto de Santa María.
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