El Hierro, paraíso del turismo energético autosuficiente

A mí me maravilla el pensar que he nacido, vivo
y moriré sobre la frágil corteza de una animadísima bola de fuego, que existe
desde hace millones de años y que seguirá existiendo mientras ese fuego no se
extinga en su interior.

Me cuesta pensar que haya personas cultivadas que no se maravillen como yo
ante esta realidad tan fundamental de nuestra vida diaria.

Quizás esta inadvertencia sea debida a la orientación poco entusiasta de la
pedagogía que asumió la responsabilidad de orientar a estas personas en sus
primeros pasos por nuestro planeta Tierra.

Como profesor lo deploro, porque siempre he pensado que la misión fundamental
de nuestro trabajo pedagógico “de conductores” debe consistir en apasionar a
nuestros alumnos por la integridad, la verdad y la belleza de los caminos que
recorremos en su primer trecho con ellos, con nuestra intención puesta en la
real independencia de su propia pasión vital.

A la isla canaria El Hierro le cabe el privilegio de poder añadir a su
ejemplar opción por la autarcía energética, cuyos factores de autosuficiencia
son ya las energías hidroeléctrica + eólica + undimotriz, el comprensible
entusiasmo de saberse promotora de una potencialidad geotérmica de incalculables
promesas, cuarto fruto de su proyecto “cien por cien energías renovables”.

Estas promesas se sitúan no solamente en el plano del enriquecimiento
humanístico del conocimiento científico teórico de la geotermia, seguido por el
aplicado de ingenierías energéticas, sino también en el de la espectacular
diversificación de su ya existente industria turística, añadiéndole una
“atractividad” reforzada tanto para el turismo científico como para el cultural
y el estético, apasionados todos por la comprensión y la admiración placenteras
de las maravillas naturales.

Al eminente profesor de Geomorfología y Geotecnia de la Universidad de
Navarra, doctor don Antonio Aretxabala, le cabe el honor de haber apoyado con su
autoridad de especialista la intuición de la consejera de turismo de El Hierro,
sobre la diversificación que brinda la geotermia a las ya existentes industrias
energéticas y turísticas de La Isla del Meridiano canaria. Lo ha hecho mediante
un artículo brillantemente sencillo e interpelante que acaba de publicar en
numerosos diarios y revistas:

“Verónica Montero, consejera de turismo de El Hierro, ha visto en las
fuerzas del interior terrestre una oportunidad de proyección internacional sin
comparación a nada anterior, una proyección científica, cultural y turística;
afirma y con razón: “… Una erupción de tipo basáltica o hawaiana: muy lenta.
Inclusive podría ser atractiva de ver. De hecho, Hawai es un gran destino
turístico y ellos tampoco se salvan de tener seísmos…” ¿Se la apoyará de
verdad como en EEUU para desarrollar esa brillante idea?

Todo un catálogo turístico basado en las fuerzas de la Tierra se puede
promover también aquí, sólo hace falta creérselo”

 

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Fotografía: Iglesia de Valverde, El Hierro, La Isla
del Meridiano.

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El Hierro: No hay mal que por bien no
venga

Autor: Antonio Aretxabala
Profesor de Geomorfología y
Geotecnia
Universidad de Navarra

España es un país de una riqueza cultural y natural sin igual, en poco más de
medio millón de kilómetros cuadrados albergamos una riqueza que nos otorga el
segundo puesto mundial en cuanto a patrimonios de la UNESCO, tenemos un par de
ellos menos que Italia, es verdad, pero nos diferencia el que nuestras joyas
barren el itinerario del hombre desde que apareció sobre el planeta hasta hoy,
desde Altamira hasta Gaudí, y no sólo el renacimiento, el barroco o la edad
media, desde un patrimonio de la humanidad como es Monte Perdido hasta otro,
Garajonay, quedan reflejadas todas las épocas, y ahí radica lo peculiar que nos
diferencia.

Villas medievales de todos los colores se pueden atravesar de una a otra como
un collar de perlas, desde Fuenterrabía a Olivenza, o renacentistas y barrocas,
como la pobre Lorca, hoy aún convaleciente, pero todavía asediada por las moscas
de la política.

Países bastante alejados de nosotros, en cuanto a menor número de estos
tesoros, como Francia o EEUU, le sacan bastante más jugo a lo suyo. Lo venden
mejor o quizás lo envuelven más bonito, el caso es que aquí se sigue vendiendo
hormigón, playa y cerveza barata. Los petroglifos bimbaches son desconocidos por
algunos representantes de la cultura y el turismo.

Verónica Montero, consejera de turismo de El Hierro, ha visto en las fuerzas
del interior terrestre una oportunidad de proyección internacional sin
comparación a nada anterior, una proyección científica, cultural y turística;
afirma y con razón: “… Una erupción de tipo basáltica o hawaiana: muy lenta.
Inclusive podría ser atractiva de ver. De hecho, Hawai es un gran destino
turístico y ellos tampoco se salvan de tener seísmos…” ¿Se la apoyará de
verdad como en EEUU para desarrollar esa brillante idea? ¿Se corren riesgos por
ello? Y es verdad: casi diez mil veces ha temblado la tierra desde junio, unas
sesenta de ellas sentidas, y no es de esperar una catástrofe, ni de tipo
sismológico ni volcánico. En España no sabemos convivir con estos fenómenos como
lo hacen islandeses, americanos, indonesios o italianos. Además, si algo se
pusiera feo, para eso está ahora la isla llena de geólogos, vulcanólogos y
personal de emergencias, como en Hawai lo está todo el año. Un equilibrio entre
el coste de mantener una infraestructura dedicada y los beneficios económicos
aún no se ha estudiado, menos aún su promoción. Los habitantes de la Restinga
han sido llamados a concentrarse, por si acaso los gases se acercasen demasiado.
Ya se le busca nombre a la décima isla Canaria si al final la viésemos
emerger.

Lo que hace unas semanas se encargaron algunos medios de comunicación en
presentar como la víspera del apocalipsis, va cayendo en el olvido y hoy es
anécdota un sismo más, tal y como pasa en Hawai o Islandia. El último más fuerte
sentido en casi toda la isla un 4,3 en la escala de Richter. Algo está atrayendo
a los amantes de los fenómenos naturales llenos de energía, y no sólo a los
profesionales, también muchos aficionados se han desplazado a la isla para vivir
esos estados excitantes, eso es: ¡como en Hawai!

Dice la consejera de turismo: “… se han cancelado algunas reservas por el
miedo que se generó debido a noticias alarmistas. Aunque por otro lado hemos
recibido una cantidad importante de periodistas, científicos, aficionados a la
vulcanología… “

Es poco probable que se dé una erupción violenta, y si se diese sería un
fenómeno de una atracción formidable, guardando las acciones preventivas y de
emergencia no debería haber mucho que temer, pero no hay mal que por bien no
venga, en Hawai hay no uno, sino varios volcanes que permanecen en constante
erupción, no hay que esperar, los peligros a evitar son los razonables de no
acercarse demasiado a la lava, unas normas de construcción sismorresistentes a
las que nada tenemos que envidiar, etc. Todo un catálogo turístico basado en las
fuerzas de la Tierra se puede promover también aquí, sólo hace falta creérselo,
pero con unos medios de comunicación que solo ejercitan la mirada catastrófica,
lo tenemos muy difícil. Una erupción de gases a varios cientos de metros de
profundidad en el mar ya es visible. No es el fin del mundo, es algo bastante
común en la Naturaleza, pero ahora nos ha tocado en territorio español. El que
hay algo muy caliente y latente ahí abajo lo pueden testificar todos los que
visitan Timanfaya y ven al agua salir hirviente, salvaje y disparada, la paja
arder a unos decímetros de profundidad o se preparan un chuletón a la “piedra
magmática”. Algunos si supieran sobre lo que andan en el parque, le tendrían más
miedo que a los terremotos de El Hierro.

Las Azores, hermanas geológicas, ya tienen su centro de interpretación de los
volcanes, aprovechando un viejo faro abandonado y un cono inactivo, hay
vigilancia, una infraestructura dedicada para los amantes de lo telúrico. Miles
de visitantes anuales van teniendo un mayor conocimiento del fenómeno, del medio
volcánico, mayor cultura y más ganas de viajar. Terremotos diarios con los que
hay que convivir no son un obstáculo para sicilianos, islandeses o hawaianos, la
gente sigue muriendo por obesidad, tabaquismo y accidentes de coche.

La magia de El Hierro sorprende más: es la segunda isla más abrupta del
planeta, sus paisajes estratificados, reserva de la biosfera de la UNESCO,
ofrecen todos los marcos posibles en relativamente pocos metros de altura, desde
una orilla volcánica con lagartos únicamente conocidos en esos lares, pasando
por paisajes mediterráneos de almendros hasta un bosque pirenaico con sus ovejas
y vacas, en el que sólo falta Heidi para sentirse en los Alpes. Y eso no lo hay
en Hawai. Su patrimonio geológico y prehistórico es inigualable, misteriosos
petroglifos bimbaches adornan toda la isla, y todo un elenco de publicaciones al
respecto se pueden adquirir en los centros de información, oficinas de turismo y
librerías de la isla; pocas áreas de España se manifiestan tan abiertamente
cultas con lo suyo, tan sorprendentemente instruidas y preparadas, además el
mundo vegetal es también singular debido a esa configuración geológica y
morfológica: el garoé y el sabinar lo atestiguan, calas inimaginables muestran
paisajes y plantas de otro mundo, y paradójicamente: “el hotel más pequeño del
mundo” se asoma al balcón más occidental de este viejo mundo.

Ahora esos paisajes acogen a sismólogos, geólogos y aficionados a la
vulcanología, ¿hasta que esto pase y nadie se acuerde de El Hierro?, un lugar
que tal y como lo han presentado la mayoría de los medios solamente parece una
olla a presión a punto de explotar. Verónica Montero hace gala de toda esa
cultura que los políticos ya no saben captar, pero sin un apoyo institucional
sus ideas no florecerán, porque es así, este país va poco a poco haciéndose
gris, perdiendo energía en disputas partidistas, una energía no tan potente como
la de la Tierra, pero perdida al fin y al cabo, y como siga así, incapaz de
preservar un poco de ella misma para despertar a las peculiaridades y aprovechar
las originalidades de cada tierra, como tesoros que son, nuestro futuro
económico, como lo han hecho en Hawai o en Azores. ¡Pero qué listos son los
políticos americanos, igualitos que los nuestros…!

Fuente: Universidad de Navarra
Fecha: Vie, 14/10/2011 – 09:37

Publicado también en:
Las Provincias
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Diario
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La Voz de Cádiz
La Voz de Jerez
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Diario
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